No hace falta ser rubia para ser tonta

Cuando veo estos programas tan en boga de TV donde las mujeres hacen tremendos esfuerzos por parecer descerebradas no puedo evitar pensar en aquellas otras mujeres de los años 40 que tanto lucharon por hacerse un lugar en la sociedad machista imperante.

Si nos vieran! Disfrazadas de adolescentes cuando bordeamos los 50. Gastando más en cremas que en libros. Atandonos hilos de oro para que no se nos caiga el tujes. Aplaudiendo a nuestras jóvenes cuando responden que quieren ser esposas de un empresario cuando sean grandes.

Eso que antes nos decían que era tanto el miedo que había a la influencia de las mujeres que se las relegaba, se les prohibía el derecho de elegir, se las confinaba a las zonas suburbanas, etc.La literatura pastoral describe a la mujer como inquieta y caprichosa, inconstante como “la cera líquida que está siempre lista para cambiar de forma de acuerdo con el sello que la imprima”, “inestable y mudable como la copa de un árbol agitada por el viento”. En esta literatura, la ventana es un elemento recurrente del escenario en el que actúan las mujeres demasiado curiosas e incautas. Su peligro radica en inspirar el deseo de salir y pasear por el mundo, estimulando un apetito nunca saciado conducente a buscar siempre algo nuevo. Lo inquietante del goce femenino radica en trascender los límites, así el vagabundeo intelectual y moral es evocado para justificar las normas de control. En la Edad Media, la mujer fue custodiada, confinada a la casa o al claustro, como espacios de vigilancia.

Freud se refirió al enigma de la feminidad que ha hecho cavilar a los hombres de todos los tiempos y, hasta el final de su vida, se preguntó por el querer de una mujer. En ningún momento de la historia, la mujer ha sido más objeto de inquietud que en la Edad Media, ya que es un momento en el que se capta lo indomesticable del goce femenino, vivenciado como sin límites y errante.

Hoy todo esto me parece gracioso, desmesurado, un mal pronóstico.

Basta ponerle un espejo delante, un programa de 30 puntos de rating, un ejemplar de Cosmopolitan y se acabó el peligro de la mujer.Esa  inquietud y deseos de conquistar el mundo que provocó temor y tanta literatura en que vuelta de esquina los habremos perdido? 

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