No saben dónde está la esclava sexual

¿En qué te puedo ayudar?

–Por favor, sacame.

–¿Querés que llame a la policía?

–Te pido por favor que no lo hagas.

–Ok. Quedate tranquila.

–Esperame, voy a buscar mis cosas.

Por un hueco en la madera terciada que cubría una puerta de rejas, Reina pasó su mano derecha, transpirada por los nervios. “Ayudame a salir de acá”, dijo. Tiene 20 años y hace once días llegó del Paraguay. Por el agujero se veían sus ojos desorbitados. Una gorra negra le tapaba la cara. “Por favor, no me escrachen”, pidió.

La puerta desvencijada estaba cerrada, atada con varias vueltas de cadena y un candado. Reina, adentro, sola y atrapada, en la calle Benito Pérez Galdós 9672, en Pablo Podestá, donde la policía había rescatado, un día antes, a dos hermanas –de 11 y 14 años– forzadas a prostituirse por su madre.

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