Obama consuma la mayor traición al pueblo o la demagogia desvergonzada

Se trata de un ejemplo de cómo la actual guerra de clases llevada a cabo por sólo una de las partes se ha convertido precisamente en esa ocurrencia de Warren Buffet de que su “bando” está ganando sin que se libre una verdadera lucha. Nadie ha lanzado realmente el guante cuando el presidente y su asesor David Axelrod han soltado un globo sonda las dos últimas semanas, insinuando que los recortes de impuestos de Bush al 2% de los más ricos van a prolongarse “solamente” durante los próximos dos años. A todos los efectos, el eufemismo “durante los próximos dos años” significa en realidad para siempre – o al menos lo suficiente para que los super-ricos tengan tiempo de movilizar los recursos necesarios, y financiar a los Republicanos suficientes, para que éstos una vez elegidos hagan de los recortes algo permanente.

¡Es como si Obama estuviese haciendo campaña para su propia derrota! Gracias en gran parte al rescate de Wall Street de 13 billones de dólares – mientras la deuda de los EEUU seguía creciendo para el resto del “98% más pobre” del país – este agraciado 2% de la población recibe ahora aproximadamente tres cuartos de todos los dividendos que produce la riqueza nacional (entre intereses, rentas y ganancias del capital). Ello es casi el doble de lo que recibían una generación atrás. Y mientras al resto de la población le toca apretarse el cinturón, con montones de hipotecas ejecutándose y gente perdiendo sus viviendas.

Baudelaire bromeaba con que el diablo gana justo en el momento en el que consigue convencer a todo el mundo de que no existe. Las elites financieras de hoy van a ganar la guerra de clases en el momento en que consigan hacer creer al votante que no existe tal guerra – y crea que Obama está tratando de ayudarle, en lugar de conducirle a un señoraje de la deuda a medida que la economía se asienta en una deflación crediticia, como realmente está haciendo.

Se trata de la vieja demagogia desvergonzada. Ha llegado el momento en que se deberían acabar las vacaciones fiscales para el sector financiero. Pero Obama va y con su buen rollo pretende convencernos de que “dos años más” nos van a servir para salir de esta crisis crediticia. Pero los planes de los Republicanos son avanzar en el Congreso y en el Senado en 2012 a medida que los votantes iniciales de Obama van optando por quedarse en casa, como hicieron a principios de este mes. Así que “dos años” significa, en términos políticos, para siempre. ¿Por qué votar a un político que promete “cambios” pero luego se trata de una mera exclamación que en realidad sigue con las políticas Bush-Cheney, desde Afganistán e Irak hasta el Wall Street’s Democratic Leadership Council del ala derecha de su partido? Después de todo, uno de los líderes de ese Consejo fue precisamente Joe Lieberman, el mentor de Obama en el Senado.

El segundo pretexto es que recortar los impuestos a los ultra ricos es necesario para conseguir el apoyo republicano suficiente para incluir también  a la clase media en esos mismos recortes fiscales. Es como si los Demócratas no hubiesen ganado nunca una votación con minoría (uno se acuerda de George W. Bush con su mero 50%, sacando adelante políticas extremistas bajo la lógica de “tengo capital electoral, y voy a usarlo”. Lo que tenía, claro, era el apoyo del Democratic Leadership Committee). Y todo ello es para “crear puestos de trabajo”, empezando por los empleos de los trabajadores de los astilleros que van a hacer los yates para los nuevos ricos, y terminando con los diez millones de estadounidenses que no consiguen cumplir con los plazos de sus hipotecas. Suena muy keynesiano – o como mínimo reminiscente de Thomas Robert Malthus quien, como vocero de la aristocracia terrateniente inglesa, argumentaba que los propietarios de tierras iban a usar sus rentas para adquirir peones, hacerse construir carros o contratar mayordomos, y así mantener a la economía funcionando.

Pero es aún peor. Los recortes fiscales á la Bush de Obama son sólo la primera parte de un asalto en dos tiempos para desplazar el peso recaudatorio del sistema hacia los asalariados. Los economistas del Congreso estiman que prolongar esos recortes de impuestos al 2% más rico de la población va a costar a la hacienda pública entre 700 y 750 mil millones de dólares a lo largo de aproximadamente los siguientes diez años. “¿Y cómo vamos a salir adelante y recortar esos 700 mil millones?” preguntaba el mismo Obama a Steve Kroft durante su entrevista de la semana pasada en el programa Sesenta Minutos de la CBS.

Era, claro, una pregunta retórica. El presidente ha puesto en marcha una comisión bipartidista (gente del ala derecha de ambos partidos) para “sanar” la situación presupuestaria federal a través de recortes en el gasto social – para así poder pagar aún más rescates financieros a quiénes hundieron la economía. La National Commission on Fiscal Responsibility and Reform (Comisión Nacional para la Responsabilidad y la Reforma Fiscal) podría muy bien llamarse la “Comisión de la Nueva Guerra de Clases para Cargar de Nuevo el Coste de la Seguridad Social y Medicare sobre los Asalariados y así Dejar más Recaudación Fiscal para Regalar a los Super-Ricos”. Sin duda un nombre más largo que el que le han puesto sus amiguetes de los medios de comunicación, la Comisión para Reducir el Déficit, pero a veces hacen falta bastantes más palabras para llegar al centro del meollo.

El axioma político que está aquí operando es “el pez grande se come al pequeño”. Con la llegada de las vacas flacas no hay ya suficiente recaudación para seguir hinchando las fortunas de los super-ricos y a la vez pretender ahorrar lo suficiente para pagar las pensiones y las ayudas sociales que se les ha prometido tanto a los ciudadanos estadounidenses como a los europeos. Alguien tiene que ceder – y los ricos han demostrado ser lo bastante espabilados como para tomar la iniciativa. Para ver un avance de lo que va a ocurrir en EEUU, fíjense en la lucha de la Europa neoliberal que se ha desencadenado contra la clase media y trabajadora en Grecia, Irlanda o Letonia; o mejor aún, el Chile de Pinochet, donde las cuentas de la seguridad social recién privatizadas fueron rápidamente saqueadas al final de los 70 por una cleptocracia bien asesorada por los Chicago boys, cuyo doble rasero monetarista acaba de abrazar de nuevo Ben Bernanke, la persona que Obama puso al frente de la FED.

Fuente:diariouno.cl

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