Para cuando la ley de matrimonios gay?

Hay temas que ponen los pelos de punta a muchos argentinos, organizaciones e instituciones. Pero la comunidad social argentina (que no es mínima) hace caso omiso de estas voces que se alzan y persisten en impulsar un proyecto de ley que les permita legalizar sus convivencias de hecho y les permita por ejemplo gozar de pensiones o adoptar un hijo.

Una de las principales objeciones a este planteo es sistemáticamente que tal ley atenta contra la “familia”, que dar en adopción a un niño a una pareja homosexual sería “peligroso” para el menor. Basados en qué hacemos estas suposiciones?

En palabras de Vargas Llosa:

Los argumentos contra el matrimonio gay no resisten el menor análisis racional y se deshacen como telarañas cuando se los examina de cerca. Uno de los más utilizados ha sido el de que, con esta medida, se da un golpe de muerte a la familia. ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿No podrán seguir casándose y teniendo hijos todas las parejas heterosexuales que quieran hacerlo? ¿Alguien, con motivo de esta nueva ley, va a forzar a alguien a no casarse o a casarse de manera distinta de la tradicional? Por el contrario, la ley, al permitir a las parejas gay contraer matrimonio y adoptar niños, va a inyectar una nueva vitalidad a una institución, la familia, que -¿alguien no lo ha advertido todavía?- padece desde hace ya un buen tiempo una profunda crisis en la sociedad occidental, al extremo de que, contabilizando el número de divorcios, que crece cada año, y la multiplicación de parejas de hecho que rehúsan resueltamente pasar por el altar o por el registro civil, hay quienes le auguran una obsolescencia irremediable. La paradoja es que, probablemente, sólo entre los homosexuales, que, como todas las minorías perseguidas desean ardientemente salir del gueto en que la sociedad los ha confinado, despierta la familia esa ilusión y ese respeto que en un número muy grande de heterosexuales, sobre todo entre los jóvenes, parece haber perdido. Por eso, no hay ninguna ironía en decir -yo lo creo firmemente- que es muy posible que, dentro de veinte o treinta años, las familias más estables las descubran las estadísticas entre los matrimonios gay.

Mientras sigan existiendo desigualdades frente a la ley y el reconocimiento de los derechos fundamentales de cada uno de nuestros ciudadanos estaremos lejos, muy lejos de ser aquellos defensores de la humanidad y su condición que creemos livianamente ser.

Susana Peralta

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