Piedra libre a la pobreza. El último que se esconde se embroma

Por Daniel Daher

Soy oriundo de Salta, una de las provincias más católicas y conservadoras del país. Cuando vine a Buenos Aires a mis 20 años, allá por 1978, aún presenciaba misa dominical y comulgaba, pero con el sentimiento dual de profunda justicia social que expresaba a modo de militancia a través de canciones muy populares y cantaba entonces como “Cuando tenga la tierra”, “Fuego en Animaná” y otras. Un zurdito inconsciente… Bah!

Ir despertando a la verdad de lo que hombres al servicio de la santidad, me cuesta llamarlos sacerdotes u obispos, ocultaban entonces tras las sombras de una dictadura feroz me fue alejando de la Institución pero sin renegar de aquél hombre divinizado e incomprendido por 2000 años que aún aguarda crucificado un mínimo entendimiento de los promesantes e inclusive de quienes lo difunden desde su Sede Madre. De estos últimos, creo íntimamente, espera más.

Hoy, nuevamente, me sorprende escuchar o leer declaraciones sobre la Pobreza, como si se tratara de un hallazgo reciente. Algo así como que quienes hoy “se asombran”, levantaron una baldosa y se encontraron con ella de repente. Una verdadera aparición de estos tiempos y nada provocado. O sea, “provocado ahora”, al menos esa es la lectura que quieren imponer a los olvidadizos y distraídos que en nuestro país no son pocos. Memoria de corto plazo suelo decir.

Haciendo un análisis de los protagonistas no me queda otra sensación más que amarga, al sospechar de una nueva Alianza Establishment – Iglesia – España, un triángulo más que caro a los sentimientos de los sectores más reaccionarios de nuestra bendita tierra.

Los diarios de derecha y los no de tan derecha

,

tanto de España como de Argentina , publican en tapas las declaraciones del Cardenal Bergoglio, realizadas en un Simposio organizado por el Sr. Roberto Dromi, respecto al afligente y alarmante tema de la “reciente descubierta” pobreza. Obvio, todo en el marco de una Ley de Medios que se pretende frenar a todo costo e inclusive por quienes aún estando de acuerdo, pero en vereda opositora al oficialismo, ven rédito político en sumarse al impedimento de una Ley más que analizada en Foros y Debates y a punto de ser votada, como si ello no fuera una futura trampa fatídica para ellos mismos. ¿Diagnóstico? Simple miopía política.

Pero hablando de lo que subyace tras el discurso de “la pobreza” de Bergoglio. ¿Recordamos al Organizador del Simposio citado Sr. ROBERTO DROMI?

Digo… ¿Lo recordamos?

Pregunto.

¿No fue Roberto Dromi, el designado Intendente de la Ciudad de Mendoza, la misma tierra de Cobos, por la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional (1980-1981)?

¿No fue Roberto Dromi en 1989 Ministro de Obras y Servicios Públicos del menemismo?

¿No es el mismo que en esa gestión se autodefinió como “Gerente de Privatizaciones”?

¿No es el mismo que en un acalorado y fallido discurso al frente de la ola devastadora privatizadora menemista dijo: “Nada de lo que deba ser del Estado quedará para el Estado”?

¿No es el mismo que dijo “estamos de rodillas” y no nos queda otra?

¿No es el mismo que en esa gestión dijo: …habrá trenes que correrán a doscientos kilómetros por hora, en un plazo de dos años. Lo garantizo.”

¿Y no es el mismo que como abanderado de “las patillas” en los 90 encabezó el desguace del Patrimonio Nacional arrojando miles y miles de trabajadores a la calle y reconvirtiendo a gran parte de nuestra clase media en “pobres” cuando no en “indigentes”?

La otra pregunta inevitable es: ¿No habrá en Argentina, demasiados “intereses” españoles que hoy ven como una gran amenaza las medidas de política económica de nuestro país?

Bastaría con recordar la desesperación del Rey y de Aznar, más luego de Felipe González respecto a las medidas económicas Kdesde el 2003 en adelante.

Es increíble de qué manera se apela a la “falta de memoria” para desestabilizar o instalar en la sociedad responsabilidades diferidas en el eje del tiempo.

Estamos frente a un Gobierno que sin lugar a dudas cometió y comete errores de procedimientos. Pero de que tienen convicción de sus medidas y aún asumiendo altos “costos políticos” sostiene sus convicciones queda más que claro. Que se inició una reconversión progresiva del valor del Estado también es innegable. Que no arrugó y le puso pecho a “intereses abusivos” menos. Que a ciertos sectores esto jamás les gustó y ahora tampoco, seguro. Y que estos mismos sectores apelarían a cualquier semántica o estrategia como históricamente lo hicieron y aún pisando cadáveres, también.

¿Falta mucho por hacer? ¡La pucha que falta mucho! Sería una necedad negarlo. Derribar una pared es mucho más fácil que levantarla o reconstruirla. Para lo primero con una maza y espíritu destructivo basta. Para lo segundo hace falta creatividad, material adecuado, voluntad de trabajo, tiempo o manos voluntarias que interpreten la construcción y se sumen a ella y guarden la crítica liviana, los apetitos personales y comulguen con que “esa pared” es necesaria para el Bien Común. Una pared que deje del otro lado los apetitos avaros, personalistas. Que acepten un “Nosotros” a cambio de un “Yo”. Que la solidaridad y la pobreza no pasen por la retórica o el discurso y que a decir verdad ayuden a lograr para los pobres un buen pasar por la tierra, más que la promesa de una “bienaventuranza en el reino de los cielos”.

De ser sincero, retornando a mis vivencias y sentimientos de antaño expresados en las tres primeras líneas de la presente nota, creo firmemente que los millones de Cristos de Latinoamérica y el mundo crucificados por la Globalización y el Fundamentalismo de Mercado ganaron hace rato el reino de los cielos. Tal vez “los descubridores de la pobreza de hoy” descubran esto en un par de siglos más.

Nosotros solamente debemos hacer memoria un buen antídoto contra los atentados a la inteligencia colectiva o social.


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