Ma qué París!Por qué no pagamos la deuda social?

 Hoy la presidenta anunció que “vamos” a pagar la deuda argentina con el Club de Paris. Son algo más de 6.900 millones de dolares obviamente. Mucha plata y saldrá de las reservas del Banco Central que hoy cuenta con unos 40.000 millones de dolares.

Cosa que me es difícil de entender por que tenemos tanta plata por si cuando nuestra gente se muere de hambre, pena y olvido. Es inmoral realmente que echemos mano de tanto dinero para pagar una deuda y no lo hagamos para callar el hambre de cada uno de nuestros argentinos.

Cómo funciona el mundo? Cómo funciona este país? Con la sangre de nuestro pueblo pagamos las deudas? Amarrocamos 40.000 millones para poder manejar el precio del dolar o para enfrentar los vaivenes del mercado?

No me entra en la cabeza! Así de ingenua soy. Todavía creo que una vida vale más que cualquier otro bien de este puto mundo capitalista.

Y por cierto, como viven los argentinos pobres cada día? Sin eufemismos digamos. Cómo viven de verdad?

La Universidad Católica Argentina realizó un estudio sobre la situación social argentina .

Los datos clave

– Un 10 por ciento de las personas del estrato medio bajo de las grandes ciudades del interior, y un 6 por ciento de la clase media y el estrato bajo del Área Metropolitana del Gran Buenos Aires, manifestaron haber tenido pensamientos de suicidio como modo de escapar de sus problemas.

– En los sectores populares, el 15 por ciento de los padres de familia no terminaron la escuela primaria o son analfabetos.

– Durante los seis meses previos a la encuesta, uno de cada cinco hogares de los estratos sociales más vulnerables ha sufrido hambre en varias ocasiones.

– El 80 por ciento de los hogares pobres debió disminuir su dieta alimenticia por problemas económicos, mientras que sólo el 20 por ciento logró acceder a programas alimentarios o comedores escolares.

– En cerca de un 40 por ciento de los hogares más vulnerables del Área Metropolitana del Gran Buenos Aires, y un 30 por ciento en el resto de las grandes ciudades, las personas no cuentan con vestimenta y calzado adecuados.

– El déficit de oportunidades de empleo, el aumento de la precariedad laboral y la impotencia de las políticas sociales son los principales responsables del aumento de la indigencia y la pobreza por ingresos.

– Las fases de crecimiento económico han servido de poco para revertir la tendencia a la exclusión social.

– El aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso, en un país cuya población mayoritariamente se empobrece y es privada de derechos de subsistencia y desarrollo humano, constituye uno de los rasgos más violentos y perversos de la deuda social.

– Casi el 50 por ciento de la población adulta de los sectores populares reconoce la existencia de prácticas de segregación social en los ambientes vecinales o institucionales en que participan.

– Cuanto más baja es la inserción social, mayor es el riesgo de convivir en espacios donde imperan prácticas de ese tipo.

– Las oportunidades de empleo decente son mínimas y se encuentran socialmente segmentadas.

– Mientras que una tercera parte de las personas activas de las clases medias accede a un trabajo de calidad, en los sectores populares esa proporción se reduce aproximadamente a la mitad.

– La cercanía a basurales, el hacinamiento y la falta de agua corriente o de baño con descarga de agua en la vivienda, constituyen carencias en aspectos básicos del nivel de vida que afectan a más del 30 por ciento de los estratos sociales más bajos.

– Esta situación no se observa entre las clases medias, y es más marcada en el Área Metropolitana del Gran Buenos Aires que en el resto de las principales ciudades del interior.

– Sólo el 35 por ciento de los hogares de sectores populares cuenta con obra social o capacidad para atenderse en un consultorio privado. En las clases medias, el 85 por ciento de los hogares tiene esa posibilidad.

– Solamente poco más de la mitad de las personas considera que los lazos de solidaridad social en los espacios barriales son fuertes y confiables. Hay un piso de desconfianza muy alto, socialmente diferenciado.

– Los más afectados parecen ser los sectores más vulnerables de las ciudades del interior del país.

– Ante eventuales situaciones de catástrofe en el barrio, los estratos vulnerables perciben contar con menores redes de contención externa que el resto de la población.

– El Estado y las instituciones de la sociedad civil están casi ausentes en las representaciones de las personas, y la solidaridad se concentra en la ayuda mutua.

– Entre los sectores populares en situación de riesgo, el 25 por ciento siente un desamparo absoluto, incluso en relación con sus propios vecinos.

– La situación es más notoria entre la población vulnerable del Gran Buenos Aires, donde se nota una heterogeneidad mayor que en las ciudades del interior.

– Las personas mayores de 50 años pertenecientes a los sectores populares, cualquiera sea su lugar de residencia, no alcanzaron casi mayoritariamente a completar la educación secundaria.

– Las oportunidades de empleo decente se encuentran socialmente segmentadas. Mientras que una tercera parte de las personas activas de las clases medias accede a un empleo de calidad, en los sectores populares esa proporción se reduce aproximadamente a la mitad.

– El nivel de confianza en las instituciones es muy dispar. Las de tipo corporativo (sindicatos, grupos piqueteros) muestran el nivel más bajo: 9 por ciento en la clase media y 19.6 por ciento en el estrato más bajo. Valores algo mayores se observan en relación con las instituciones formales (Congreso, partidos políticos, Gobierno Nacional y Fuerzas Armadas), con un 31 y un 23 por ciento, respectivamente, en los estratos medio y muy bajo.

– Las instituciones de la sociedad civil generan un nivel de confianza de alrededor de 90 por ciento en todos los estratos sociales.

– Más de la mitad de las personas pertenecientes a estratos vulnerables revelaron dificultades de comprensión verbal de problemas sencillos. Parece haber una correspondencia de este hecho con el nivel socio-económico y son el área urbana de residencia.

– Los grupos de sectores populares creen que las personas son absolutamente libres para hacer sus elecciones, con una frecuencia mayor que las personas de clase media. Estas últimas tienden a creer, más bien, en que la capacidad de elección está condicionada por determinantes ambientales.

La primera encuesta nacional sobre la Deuda Social Argentina (EDSA) fue realizada a fines de mayo, y centrada en el estudio del déficit de Desarrollo Humano que afectan a los sectores socialmente más vulnerables de los principales centros urbanos del país.

Incluyó 1.100 casos domiciliarios, estratificada por nivel socio-económico medio en condición vulnerable, y a un grupo de control de alto poder adquisitivo, en la ciudad de Buenos Aires, Conurbano Bonaerense, Córdoba, Mendoza, Salta, Resistencia, Bahía Blanca y Neuquén-Plottier.

El proyecto tiene el propósito de aportar un instrumento nuevo para la observación y el análisis de la realidad social argentina, cuya originalidad radica en tomar como punto de partida la definición de la deuda social como déficit de desarrollo humano y, en función de ello, identificar un conjunto significativo de indicadores objetivos y subjetivos de las capacidades no realizadas en cuanto a los recursos, logros y satisfacciones constitutivos de un desarrollo integral.

El trabajo abarca las dimensiones de la subsistencia; la integración social; las posibilidades de recreación y uso del tiempo libre; las aptitudes socio-cognitivas, y el desarrollo moral y la autorrealización. Fuente:http://www.asteriscos.tv/dossier-17.html

Creo que luego de todos los datos aquí vertidos cualquier argumento sería redundante. Sólo decir que damos pena, como sociedad y como seres humanos una vez más.

Susana

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