Procesados pero nunca presos

El texto que fundamenta los procesamientos ofrece pruebas suficientes –a criterio del juez– para sospechar que Kanoore Edul (h) tuvo vinculación con la preparación del acto terrorista. También sobran indicios para señalar que las órdenes de dejar de investigarlo involucran a parte de la cúpula política de aquellos años, a la policía y a la SIDE.

La historia que involucra al empresario textil sirio-argentino comenzó –para la Justicia– ocho días antes del atentado. El 10 de julio de 1994 Kanoore Edul llamó a la casa del reducidor de autos, Carlos Telleldín quien, por medio de los clasificados del diario Clarín, había puesto en venta la Renault Traffic que luego se habría usado como camioneta-bomba.

En su declaración del 2 de agosto, Kanoore Edul intentó adjudicarle ese llamado a su chofer aunque la Justicia comprobó que éste no había trabajado ese día. El 3 de agosto, entonces, cambió de argumento. Dijo que pudo haber hecho el llamado porque estaba buscando una camioneta para suplantar la Mercedes Benz que días más tarde denunció como robada. En la búsqueda de un nuevo vehículo no llamó a ningún otro anunciante.

El 1 de agosto de aquel año, el día después de que el ex juez Galeano ordenara el allanamiento a la casa de Kanoore, estuvo plagado irregularidades. La Policía Federal, comandada por el comisario Palacios, llegó al domicilio de la calle Constitución a las 8 de la mañana. Alrededor de las 11 hubo dos llamados al dueño de casa desde el teléfono de El Fino y el procedimiento se inició recién pasadas las cinco de la tarde.

Ayer, Palacios, le dijo a este diario que nunca llamó a Kanoore Edul para avisarle de los allanamientos, pese a que los llamados figuran en la causa.

Mientras la policía esperaba en la puerta de la casa de Kanoore Edul hijo, su padre se movía como un habitué en la Casa Rosada. El fallo judicial deja sentado que ese día fue recibido por Munir Menem, el hermano de su viejo amigo, Carlos Saúl, a quien ayudó en su primera campaña presidencial. En ese encuentro le pidió que no molestaran a la familia. Los resultados fueron concretos: la investigación se paralizó.

Desde ese momento se le restó importancia a pruebas tales como que en la agenda de Kanoore Edul (h) figuraba el teléfono de Moshen Rabbani, el agregado cultural iraní en la Argentina señalado como uno de los posibles responsables del atentado. Se trata de un personaje a quien la SIDE tenía fotografiado buscando una camioneta “tipo Traffic” –según el fallo de ayer– en algunas concesionarias de la avenida Juan B. Justo. Posteriormente Rabbani habría recibido la camioneta de manos de Edul.

Tampoco se consideró relevante que el volquete que había sido retirado de la puerta de la AMIA antes del atentado apareciera cerca de la casa de Kanoore Edul. La fiscalía, sin embargo, sí tuvo en cuenta aquellas pruebas. Por eso, a 15 años del atentado, este grupo de siete poderosos devaluados, hoy está en manos de la Justicia.

Fuente:criticadigital.com

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