Psicólogos que torturan

Nadie estuvo de más en la cadena de mando y ejecución de los interrogatorios de la CIA en los que se torturó a sospechosos de terrorismo detenidos en Guantánamo. Los psicólogos encargados de planear las sesiones en las que se intentaba “romper la mente” de los detenidos fueron tan importantes como la firma del ex presidente George W. Bush, que puso en vigencia el programa de interrogatorios en febrero de 2002. Para julio de ese año, la sección militar encargada de desarrollar el programa de interrogación con apremios, la Agencia Conjunta de Recuperación de Personal, ya reconocía en un memorando que fue revelado por el diario The Washington Post que sus métodos calificaban como “tortura”, y le dijo al departamento legal del Pentágono que las sesiones producían “información no confiable”.

El uso de la tortura en la “guerra contra el terrorismo” iniciada por Bush generó después un largo debate sobre derechos humanos dentro y fuera de Estados Unidos, y la controversia resurgió con la desclasificación, por parte del gobierno de Barack Obama, de informes que prueban que altos cargos de la anterior administración autorizaron y justificaron esas prácticas por fuera de la Convención de Ginebra sobre el trato a los prisioneros de guerra.

Las revelaciones tienen a Obama caminando de puntillas entre un sinfín de opiniones en un Congreso que necesita tener de su lado. En ambos partidos hay quienes defienden que se mantengan en secreto los métodos para conseguir información que pueda evitar atentados, y quienes reclaman que el uso de la tortura melló el sitial de EE.UU. como promotor de la democracia.

En un principio, Obama se negó a permitir que sean procesados los hombres de uniforme encargados de llevar a cabo tratamientos como el waterboarding, una simulación de ahogamiento que se empleó en 183 ocasiones contra Jalid Sheij Mohammed, supuesto cerebro de los atentados del 11-S, cuando estuvo detenido en la base militar estadounidense en Cuba.

Pero durante una visita, el lunes, a la sede de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en Langley (Virginia), Obama dejó en manos del secretario de Justicia, Eric Holder, la decisión de procesar judicialmente a altos cargos del gobierno de Bush que toleraron la tortura.

En medio de la controversia política, los medios impresos estadounidenses se dan a la tarea de reconstruir lo que sucedía dentro de las celdas de la prisión de Guantánamo.

The Washington Post relató sobre la asistencia que prestaban médicos y psicólogos de la CIA a los encargados de los interrogatorios. Mientras los primeros se encargaban de que el sujeto no perdiera la conciencia, o la vida, durante las sesiones de ahogamiento simulado, los psicólogos tenían la misión de dirigir cada interrogatorio contra la mente del cuestionado, a fin de romper su resistencia a “cooperar” y entregar información.

Según otros informes desclasificados, el waterboarding y la explotación de las fobias de los detenidos, como encerrar a uno de ellos en una caja con insectos, fueron métodos casi ciento por ciento efectivos.

El programa es una versión invertida de otro más antiguo, el SERE (Sobrevivencia, Evasión, Resistencia y Escape) diseñado por las fuerzas armadas de EE.UU. para que sus pilotos pudieran soportar los maltratos del enemigo en caso de ser derribados y capturados.

Fuente:criticadigital


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