Robando banderas

Es sumamente difícil, para quienes tenemos una visión auténticamente progresista, oponerse a las consignas que este gobierno enarbola: Distribución de la riqueza, Derechos Humanos, Identidad Nacional Latinoamericana, Combate a Monopolios y Oligopolios, entre otras. Sin embargo la hipocresía y el engaño quedan al descubierto inmediatamente después cuando las acciones gubernamentales no se condicen con las palabras. Incluso al punto de contradecirse aplicando recetas desaprensivas social y económicamente. Cualquiera puede apreciar el autismo dictatorial del gobierno, las burdas chicanas con que nos apabullan constantemente, las mentiras impiadosas pretendiendo adulterar números y mutando realidades por sensaciones, haciendo de la confrontación vana y abusiva una forma de gobierno.

El daño que este gobierno disfrazado de progresista nos está haciendo es inmoral.

Asimismo es difícil también no rechazar los casi inexistentes argumentos de una oposición que se dedica a dilapidar en lugar de construir, que sin identidad ideológica visible son simples cipayos de los poderes económicos que nos subyugaron y subyugarán sino ponemos límites a su nefasta gula de poder.

Desde este punto de vista este gobierno se ha apropiado de banderas que no le pertenecen, a las cuales no honran, y que además se están encargando de destruir.

Al punto tal que hoy temas cuya sensibilidad social y política abrazaban la mayoría de los ciudadanos, por ejemplo derechos humanos, comienzan a ser cuestionados. El abuso de las palabras vacías y el bastardeo de temas sensibles a la población, producen un incipiente rechazo generalizado del común de los mortales.

La pobreza endémica que sufrimos nunca fue resuelta y ni siquiera hay proyectos concretos que nos permitan esperanzarnos sobre la cuestión. Los monopolios y oligopolios son confrontados para trocar su predominio en post de otro igual pero con actores distintos afines a este gobierno. El oprobioso lucro de la pareja presidencial indigna a cualquiera que nació en este rico país para ver como se llenan los bolsillos los políticos y sus amigos empresarios mientras nosotros seguimos, en el mejor de los casos, peleando el pan de cada día y una mísera vida haciendo malabares para llegar a fin de mes. Sindicatos que no defienden a sus trabajadores, pagados por un gobierno cómplice. Reservas acumuladas para mantener un aparato muy lucrativo, para unos pocos, pero que no se reinvierte en los jubilados, indigentes, desarrollo de las Pymes, ni la industria. Estériles peleas contra un sector, el campo, (tradicionalmente oligarquía golpista), mientras el sector financiero, minero, petrolero, comunicaciones, etc, sigue sin que le toquen su abultado bolsillo, porque son socios del gobierno.

Se arrogan los K militancia política en los años setenta en defensa de las instituciones, sin embargo nadie los vio ni puede afirmar con realismo que hayan jugado carta alguna en defensa de los derechos humanos, que otros; políticos, periodistas, religiosos, sindicalistas, abogados, estudiantes, etc, si lo hicieron incluso a costa de su vida. No hablo de grupos armados ni guerrilleros, hablo de quienes cuando comenzaron a desaparecer personas se arriesgaron a presentar un habeas corpus, a reclamar el derecho constitucional que nos avala, a pedir misericordia por la suerte de los que fueron borrados de la faz de la tierra. Es que había que ser valiente para enfrentar una maquinaria de terror que no ahorraba sangre en función de sus objetivos. El solo disenso era motivo suficiente para ser ajusticiado sin justicia. Parece que los K no se pueden atribuir tal valía, más bien estarían guardados al estilo avestruz a la espera de mejores oportunidades para robar cuando las oportunidades les sean propicias.

La conclusión de esta política es que como ninguno, incluso los más acérrimos neoliberales, este gobierno ha desacreditado la democracia. Ha reducido a cenizas la consigna social, ha beneficiado como pocos a los grupos económicos de poder, le ha negado la vida a miles de niños que mueren por año en este país de hambre. Tamaña criminalidad no es juzgada en ningún ámbito institucional.

Este gobierno no es progresista, asumiendo el progreso como motor indispensable para el fortalecimiento de instituciones dignatarias del bien común, de la reparación histórica de los derechos del pueblo, del saneamiento económico social, y las libertades individuales de expresión. Este gobierno es secesionista, retrógrado, e inmoral.

Este gobierno, igual que muchos anteriores, se ha encargado de destruir las esperanzas, y lamentablemente minar el camino hacia el pacto social tan ansiado por la mayoría de los argentinos.

Este gobierno, igual que los anteriores, fue votado por este pueblo.

Saludos Sergio

Publicado en www.igooh.com

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