Se acuerda del Milagro anterior?

ImageShackHace un año nada más recuerdo haber vivido uno de los hechos más bochornosos de los últimos tiempos. Recordarlo es un ejercicio cívico y de empatía hacia quienes convivimos en esta Salta la Linda, la injusta, la perversa a veces, la desigual, la tierra de todos.

Comenzaban los festejos en conmemoración al Señor y la Virgen del Milagro y todo era fiesta. Rezos, reflexión para algunos y esparcimiento turístico para otros. Momento de grandes negocios para quienes viven de los turistas y un día más para quienes tienen pocas oportunidades de ganarse el pan con el sudor de su frente, como diría la Biblia.

Y pasó que como todos los años algunos vendedores de las llamadas “cedulas” se apostaron cerca de la Catedrál como todos los años. Pobres, sin trabajo, ancianos, niños incluso.

Y pasó que contrastaban con la coqueta plaza que supimos conseguir y con el festival de luces y fuentes y monumentos relucientes. Alguien pensó que no “daban” el perfil de la Salta pujante, turística, vendible, acojedora del extranjero que los spots publicitarios prometen a altísimos precios.

Y pasó que los sacaron, como delincuentes, como si molestaran a alguien, como si estuvieran usurpando algo, como si no fuera el Milagro, como si no hubiera amor por el prójimo.

Sin respeto por el que nada tiene, ni a nadie conoce, ni nada lo ampara. Porque esa es la realidad del pobre, que aunque salteño no puede ni debe interponerse con la “imagen que queremos vender”. Fueron llevados en camiones de la policía y tímidamente defendidos por unos pocos vecinos que miraban sin creer lo que sucediá. Llevados a las orillas, donde no desentonan, donde no molestan ni perturban con su presencia de pobres.

Y esto provocó una indignación cortita que mereció algun que otro titular en un diario local, alguna radio y comentarios de domingo de sobremesa. Ninguna denuncia a semejante atropello, ni encendidas defensas al Inadi ni a ningún organismo defensor de los derechos humanos.

Hoy recuerdo esa verguenza que todos vivimos y callamos. Con la esperanza de que hayamos aprendido algo, de que puedan este año como no pudieron el año anterior hacer lo que hicieron siempre. Ganar unos pesos en la puerta de la Catedral donde todos somos un poco más santos, mas buenos, más solidarios. Cuando no estamos ocupados siendo hipócritas, negociantes de la desgracia ajena o lobos de nuestros hermanos.

Susana

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