“Siendo los hombres lo que son, dios sólo podía ser malo”

Caín no podría nunca ser testigo de la historia humana porque no la vivió. Mi intención ha sido denunciar el absurdo de la “existencia” de un dios que los hombres han inventado y a quien inmediatamente se han esclavizado. Siendo los hombres lo que son, el ese dios sólo podía ser lo que es: cruel, rencoroso, en suma, malo.

¿Por qué era necesario mostrar la maldad de un Dios en cuya existencia usted no cree?

Que yo crea o no es indiferente. Dios, para mí, es un tema importante por el espacio que ocupa en la mente de la humanidad. Imagino que nunca nos liberaremos de esa presencia nefasta, pero no cesaré de decir lo que pienso por mucho que le duela a la Iglesia y a sus hombres.

¿Espera convencer a los creyentes de algo o piensa que a los creyentes no les importa o los tranquiliza saber que su Dios es feroz?

No espero convencer a nadie y mucho menos a un creyente. Sus razones, para llamarlas así, no son las mías. Vivimos en universos distintos. A mí me bastará introducir algún desasosiego en la cabeza de mis lectores, creyentes o no.

En su novela, Caín triunfa sobre Dios. ¿Es un final feliz? ¿Es una victoria de la humanidad? ¿O es una victoria pírrica, que termina con la desaparición de la humanidad?

Con Caín no habrá otra humanidad. Si se trata de una victoria pírrica o no, no es cosa mía. En realidad, pienso que no nos merecemos la vida.

Usted dice: “Ya en ese tiempo los judíos hablaban mucho y tal vez demasiado”. ¿Considera que a través de la historia los judíos deberían haber hablado menos?

Hablaron lo quisieron o lo que pudieron. Pero tengo la idea, quizá equivocada, de que a los judíos les encanta hablar por hablar.

También dice que “como siempre ha sucedido, a la mínima derrota los judíos pierden la voluntad de luchar”. ¿Puede decirse eso de un pueblo que sobrevive desde hace milenios?

Sí, pero sin luchar, salvo contadas excepciones. El victimismo es el himno nacional judío. Véase lo que dice Josué a Dios cuando perdió treinta y seis hombres. Está en la Biblia, no lo inventé yo.

Fuente:clarin.com

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