Sospechas sobre la muerte de Bernardo Neustadt

 Adriana Diaz Pavicich, su viuda,centro de todas las sospechas sobre sus verdaderas intenciones para con Bernardo Neustadt:

La mansión “Tiempo mío”, en Martínez, valuada en 800.000 dólares (hoy propiedad de Díaz Pavicich, que inició la sucesión a 23 días de la muerte de su esposo), sumas de dinero depositadas en cuentas bancarias, la casa “Mi delirio”, en Punta del Este, cotizada en 3 millones de dólares (también en poder de su última mujer), el departamento de “Majestic”, en Miami, cuyo costo sería de un millón trescientos mil dólares, las oficinas en Puerto Madero (que él habría comentado su deseo de dejárselas a Clara Mariño, quien fuera su mano derecha durante muchos años), cotizada en alrededor de cuatrocientos cincuenta mil dólares (estas dos propiedades se habrían vendido antes de la muerte del periodista), las acciones de FM Milenium, de alrededor de trescientos mil dólares (dicen que se habrían perdido por un mal manejo financiero), aseguran fuentes cercanas que serían parte de la herencia.

Según cuenta una fuente que prefiere por ahora mantenerse en segundo plano, al ser internado en el Cantegrill, habría pedido a uno de sus colaboradores personales que le revisara la espalda. “Quiero saber si tengo alguna marca -habría solicitado Neustadt-, a lo que su interlocutor sorprendido habría preguntado:“Señor, ¿acaso Ud. sugiere que lo golpearon? Porque sí, tiene una mancha morada en su espalda”. Otro de los datos que no convencería al entorno del periodista, fue “el repentino y casi secreto casamiento con Adriana, una mujer treinta y ocho años menor que él. Al que no asistió ninguno de sus amigos. Bernie era un más que atractivo partido para cualquier mujer, ya que no tenía herederos”, más tarde, todos coincidirían en un íntimo y enumerado punto de confesiones. Dentro de las que también, alguien se animó a sumar un importante dato:“La salud de Bernardo no era la mejor. Debía tomar unas pastillas sublinguales para su corazón. Él las llamaba ‘mis pastillas salvadoras’. Por eso su personal de mayor confianza, como su ama de llaves Alicia, su chofer Héctor y Reinaldo, el jardinero, que lo acompañaron durante más de veinte años, se encargaban de colocarle frasquitos con ese medicamento, en diferentes lugares de la casa. Paradójicamente, tres de sus colaboradores más cercanos (dentro de los que se encontraba Alicia) habrían sido despedidos de sus respectivos trabajos por su actual viuda. ‘No quiero ver a nadie más en esta casa. No tengo más plata’”, habrían sido sus palabras.

El 25 de mayo de 2008, Tomás, el hijo de 16 años de Adriana, se fractura la nariz jugando al rugby. Inmediatamente, Bernardo llama a la cirujana plástica Mónica Milito y le pide: “Por favor, te ruego, quiero el mejor equipo de médicos para reconstruirle la cara a Tomás”. Esa misma tarde, a pesar de ser domingo, se realizó la operación en el sanatorio Alexander Fleming. Cuentan hoy los allegados, que con la nariz aún cubierta por un vendaje y sin la autorización firmada por el médico, la mujer retiró a su hijo del lugar, dejando la cuenta pendiente. Y, que 72 horas después, en su casa de Martínez, habría solicitado la presencia de un facultativo de una prepaga para que le terminara la curación. “Te pido miles de disculpas por la demora en el pago de tus honorarios, del equipo que operó y de la internación… Yo me hago cargo de todo…”, habría afirmado Neustadt a Milito (veinte días antes de su fallecimiento), a quien conocía desde hacía más de 20 años y de quien era vecino. Aseguran, también, que la noche anterior a su fallecimiento, volviendo de Mar del Plata, en su auto manejado por Héctor (su chofer) el periodista habría recibido varios llamados de su mujer presionándolo para que lo despidiera. “En esa oportunidad, Bernardo habría manifestado que intuía que algo malo le iba a suceder. Que tenía miedo”, confiesa otra fuente que se escuda en el anonimato.

Increíblemente se comenta en su círculo más íntimo que sus últimos días los habría transcurrido solo, sintiéndose en un total abandono. “El último tiempo vivían separados. Ella de a poquito fue sacando del hogar todas las cosas de valor y mudándolas a su nueva casa, ubicada en el country Mayling Club de Campo, en Pilar. Visitando a su marido sólo los fines de semana. El único afecto que le quedaba, era el de sus amadas mascotas, el Yorkshire Amore, que fue dado en custodia a su última secretaria, María Montesó y cuatro doberman que fueron regalados a una familia de Pilar. ‘No tengo más plata para ocuparme de los perros y de vos yo sola, por eso los tuve que regalar’, habría increpado a su marido, produciéndole el último gran dolor directo al corazón. Y en sus pocas últimas comunicaciones con algunos amigos, les repitió angustiado, tengo hambre y nadie me da de comer… Lo más doloroso es que Berni pasó sus últimos días de vida como un pobre, siendo millonario”, concluye una de las tantas fuentes consultadas. La misma que devela que días antes de su fallecimiento, Bernardo habría llamado a su ex Claudia Cordero Biedma pidiéndole por favor que lo llevara a comer milanesas. Por esa razón, habrían terminado en el restó Kansas, de Martínez. Claro ejemplo de la excelente relación que mantuvo la ex pareja hasta último momento. El mismo caso que siempre lo unió a Any Costaguta y que hoy las enfrentaría con Adriana Díaz Pavicich. Por tratarse de un tema tan sensible, por ahora todas las fuentes prefieren continuar en el anonimato, aunque de alguna manera quieren liberar sus conciencias, gritando una terrible historia que desde el 7 de junio de 2008 los ahoga.

Fuente:revista caras

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