Violencia en la escuela

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La violencia en las escuelas es un tema que tiene vigencia desde hace ya un largo tiempo. Violencia que no sólo pasa por las agresiones físicas y psíquicas entre compañeros sino que, como señalaba en los ejemplos, se extiende a casos tan patéticos como los de padres que agreden a maestros o de alumnos que agreden a sus profesores, y viceversa.

No somos, si sirve de consuelo tonto, una isla. Basta hacer otra vez un ejercicio de memoria para traer a la mesa los desastres que ocurrieron principalmente en Estados Unidos, en universidades de varios estados de ese país, así como episodios similares ocurridos en lugares tan disímiles como Finlandia y Japón.

Pero la pregunta no es si nos parecemos a los estadounidenses sino qué está ocurriendo con la violencia en las escuelas. Anticipo que no tengo al respuesta y que ésta se hace difícil porque, por lo general, una de las muletillas que usamos cuando queremos dar opciones o propuestas para mejorar el país es la de mejorar la educación. Entonces me preguntaba cómo hacemos para mejorar la educación en un ambiente en el que los establecimientos educativos sufren de un alto grado de violencia.

Que el sistema educativo está en crisis hace años, no es una novedad, y en algún punto es como una profesía autocumplida si tenemos en cuenta que una de las cosas de las que Argentina se vanaglorió por muchos años, además de la carne y las chicas lindas, es por alto nivel de la educación que siempre tuvo el pueblo. Ese imaginario colectivo parece haber hecho agua hacer rato, y no hay, aparentemente, siquiera una madera que flote como para que nos agarremos de ella y no hundirnos del todo.

Supongo con candidez que el Ministro de Eduación de la Nación, junto con los de las provincias, están reunidos para encontrar o sugerir caminos para desterrar este flagelo de las escuelas. En realidad, quisiera creer que vienen hablando de ésto y discutiendo las posibles salidas desde hace tiempo, pero la realidad parece demostrarme que no es así. Por tomar un ejemplo, si la violencia en el fútbol no se ha solucionado o no existe al parecer ningún esfuerzo serio por solucionarla, que esperar de la violencia en las escuelas y de la cirsis de la educación, un tema al que nadie o casi nadie parece prestarle el mínimo interés.

Sin pretender ser apocalíptico, tengo pocas esperanzas que alguien tome en serio el toro por las astas. Mientras tanto, y aún en la espera de alguna señal, me permito aportar mi grano de arena al debate de la búsqueda de soluciones. Es necesario un debate en serio y comprometido de los padres con sus hijos y sus maestros, para que cada uno se escuche y trate de comprender los anhelos y los miedos e inseguridades del otro; a la vez, es necesario reafirmar las responsabilidades que cada uno tiene en la educación como una manera de que estén claros los lugares y los roles desde los cuales cada uno debe reconstruir el devastado universo educativo argentino. Estas reflexiones deben ser de adentro hacia afuera, es decir, desde cada hogar y desde cada escuela hacia las autoridades, para que éstas puedan saber qué es lo que piensan aquellos que están sufriendo de manera directa las consecuencias de esta violencia y de este desamparo en el que está la eduación. Luego, sí, las autoridades deben articular las propuestas y presentar a la sociedad las opciones para solucionar la crisis, de manera perentoria y con una mirada de largo plazo.

No es posible dar ninguno de los debates que nos debemos, ni dar soluciones reales a problemas reales como la pobreza, la indigencia, la desnutrición, la desigualdad de oportunidades, la redistribución de la riqueza, la  falta de normas claras de convivencia y la falta de respeto por el otro, si no sinceramos el tema educativo y le buscamos de manera urgente un camino de salida hacia horizontes de paz y de excelencia.

Fuente:http://www.igooh.com.ar/Nota.aspx?IdNota=21677

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